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lunes, 31 de mayo de 2010

Ophelia infernal MUERTE

El cáliz rebosa de sangre. Ophelia sostiene entre sus manos su componente más preciado y lentamente se dirige hacia la mesa de operaciones. No olvidemos que Ophelia no quiere derramar ni una gota. La sangre aun está caliente y su aroma nubla sus sentidos.
La deposita sobre la mesa y se dirige a la nevera. De allí extrae una bolsa. Coge un gran cuchillo y abre la bolsa. El cadáver de un bebe de apenas unos meses aparece ante su vista. Ophelia lo acuna tiernamente mientras enciende unas velas, coloca algo de incienso y pone un poco de música. Baila por la habitación con el frio cadáver del niño entre sus brazos.
Cuando se cansa, lo deposita en un rincón.
Busca más componentes…ojos de pez, vino, el caldero, opio, manteca de cerdo,..Todo está listo. Poco a poco lo coloca sobre la mesa y se concentra.
Enciende el fuego y añade el vino.
“Oigo el burbujeo, ahora la manteca de cerdo y los ojos. Opio, ajenjo,… ¡ah! ¡Se me olvidaba! solo necesito la jeringa correcta...”
Ophelia busca en una caja del suelo y con una gran jeringa en una mano y una pequeña hacha de carnicero en la otra, camina hacia el cadáver del bebe que yacía olvidado. A la luz de las velas, levanta el hacha y de un golpe seco secciona un bracito al niño.
El llanto del niño inunda la habitación. La sangre ha salpicado el rostro de Ophelia. En realidad, ni un solo ruido ha roto la calma.
Dulces pensamientos… Ophelia clava la aguja sobre el cráneo del niño. Solo sangre.
“¿Sangre?”
Toma el hacha entre sus manos y secciona el cráneo del bebe, dejando al descubierto una masa viscosa y gris que arranca y toma entre sus manos.
Dulces pensamientos…añade la masa en porciones, junto a restos de su cabello púbico. Añade la sangre del cáliz de Pandora.

Escudriña la mano inocente, la coloca en la mesa, busca una botella de ron y bebe. Bebe y baila alrededor del caldero, murmura y golpea los pies descalzos contra el suelo. Ophelia tiene los ojos en blanco, de entre sus dientes de escapa ron y babas a partes iguales.
El fuego crece y crece en el caldero. Ophelia cae. Cuando despierta, sus ropas están rotas. Los cristales de la botella de ron están por todas partes. Ophelia coge la mano del niño y la coloca dentro de la mugre del caldero. Lo tapa y lo deja junto al espejo de Lady, para que la luz de la luna lo macere.
“Dentro de 15 días, oiré tu voz de nuevo,…”

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