sábado, 9 de octubre de 2010

Alzo mis manos, que un día cubrieron tu piel.

Grito al viento tu nombre, pero El aleja las palabras...
El barro y mi cabello se funde en un cálido abrazo.
La oscuridad nubla mi vista. Grito al viento tu nombre, pero el trueno insonorìza mi voz.

Hoy el día se tiño de negro por mirarte, por sentirte, por odiarte.
Hoy de nuevo quise olvidarte, y de nuevo, me descubrí recordándote.

Rodeada de almas que vagan y pronuncian sordos lamentos. Cadáveres putrefactos bajo las tumbas. Niños que mueren de hambre. Rencor por el rechazo. Tijeras en mis manos, cortando los hilos necesarios que un día me ataron a ti.

Maldita por la eternidad, aislada por propia voluntad. Sencillamente no tengo fuerza.

Sonrisas que ocultan, lágrimas enterradas. Veneno que cubre mi lengua y al besarme muestras todo su candor, su dulzor, su eterna aflicción.

Fatal error del destino cruzar nuestras miradas fue, mas la muerte desvió cruzarseme primero.
Se oye en la calle el grito de la parca. Hija bastarda de la miseria, acuname bajo tus brazos. Que tu yugo caiga sobre mi rostro, más no manches mi vestido....

Las plañideras junto a mi cadáver lloran por mi muerte, más reír debieran. La noche cubre mi rostro, pero ni sombra de dolor.

Dulce es el sabor de la sangre que cubre mis labios, que llena mi alma, que pudre mi ser, que mata mi alma.....maldita por la eternidad.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Viuda Negra


Una sola de tus miradas puede helar la sangre de mis venas.
Una sola de tus palabras puede hacer arder mi cuerpo.
Un solo roce de tu piel puede matarme.

Quizás solo fuiste un hilo mas en la gran telaraña que es mi vida.
Quizás tendré que esperar, entre las sombras de mi habitación a que aparezcas de nuevo.
Preguntándote, si el tiempo puede borrar lo que el maquillaje oculta.

Destino, guia mis pasos, conduceme a ese lugar donde presente pasado y futuro se unen.
Quizás nunca pueda olvidar, quizás simplemente no desee hacerlo.


No es pecado equivocarse si con ello se aprende, no es un error perdonar para poder seguir avanzando.


La vida no es sencilla, nadie dijo que lo fuese. Pero hay que tomarla como tal.


Hay hilos que permanecen durante todo tu ciclo, que te sirven de guias y que a veces incluso no eliges. Hay hilos que trazas pensando que serán eternos y fuertes y que el más simple viento los corta en pedazos, cortando con el todas tus ilusiones.


Hay hilos que se forman sin saberlo, en las sombras, que no sabes si perduraran mucho o poco tiempo. Son aquellos hilos que sostienen de vez en cuando tus patitas cuando crees que vas a caer, y que no te piden que les des las gracias por estar ahí cuando les necesitas.


Así se forman los lazos sentimentales. Nunca sabes cuantos hilos tejeras en tu vida ni de que tipo serán. A su vez tu eres un hilo más en la vida del resto.


Una constante en mi vida que quiero y deseo recordar. Nacemos llorando, pero no solos, sino con el dolor y el sufrimiento de una madre; para morir acompañados por las lágrimas de unos hijos.


Es el orden natural de las cosas. Se dice que la viuda negra es la araña más peligrosa sobre la tierra, que mata a su presa inyectando veneno, paralizando y una vez muerta su presa, la devora.


¿Acaso el ser humano no se ha vuelto con el tiempo así? Envenena con pensamientos negativos a otros y así mismo, devora a todo aquel que considera peligroso y después se paraliza al darse cuenta del error...Es la naturaleza egoísta del ser más peligroso de la tierra.


Este es el significado de las princesas que cubren mis caderas, enseñándome día a día como debo y quiero ser. Dando significado a cada hilo, dotándolo de la importancia que merece y enseñándome que yo merezco la misma importancia que uno más. Una lección fácil de olvidar, difícil de aprender.


Samantha, mi pasado, cubre mi estomago. Un pasado visceral, lleno de errores y de crecimiento personal.


Venus, mi presente, anida en las ingles. Un presente de experimentación, de nuevos deseos terrenales y autoconocimiento.


Y mi preciosa Sin Nombre, en el muslo, zona ignorada. Desconocida, futura.


Quizás fuiste solo un hilo más en la telaraña que es mi vida, pero guia mis pasos hacia esa zona donde pasado, presente y futuro se unen...





sábado, 28 de agosto de 2010

El mal


El mal es una semilla que nace junto a nosotros. Anida en el alma, donde con el tiempo, hecha raíces. Cuando en los momentos de ira, se vislumbran las hojas de ese mal, tiembla la tierra que yace alrededor.

El mal que crece en mi esta tan oculto y tiene raíces tan profundas, que cuando emerge, la tierra se arrastra hacia los lados, por temor a arder en el fuego del infierno.

Hoy las llamas eran tan grandes que por un segundo he visto como el mismísimo demonio se hacia dueño de mis actos. Era tan real la sangre en mis manos que por más que contase, la calma no llegaba.

Era tan penetrante el olor del azufre, que pensé que mi habitación en llamas ardía. Los ángeles se arrancan los ojos al mirarme, cuchillo en mano.

La venganza tiene un sabor tan dulce, produce tal placer y tal satisfacción que nada puede superar...excepto un acto llevado a cabo por la ira, que condena tu alma eternamente, pero que sin duda repetiría...

Hoy solo a sido fruto de mi mente. Mis manos están limpias, ni rastro de sangre las cubre, pero aun puedo oler el olor del azufre, y mañana....

Mañana nunca se sabe.

sábado, 7 de agosto de 2010

Crueles Intenciones

La puerta se abrió con estrépito. El sordo sonido, atenuado por su sardónica sonrisa, no bastó para restar un ápice de belleza a sus facciones, modeladas a golpes de tortura por nocturna luz lunar. Ella, sonrió a su vez, casi anhelante, y levantó un dedo para accionar el interruptor de la luz, que llenó la habitación con una dura luz ambarina.

La recién llegada, extrajo algo de su bolso con rapidez: un cigarrillo, de los más caros. Lo encendió. Sus gestos parecían estudiados hasta los límites extremos de la lógica. Resultaban forzados y faltos de naturalidad. Su rostro era tan blanco como el de un esqueleto, pero tenía luz en sus ojos, tras ellos, se advertía todo un universo de mentiras y maquiavélicas maquinaciones.

-Esto no es una visita de cortesía- dijo la visitante- quiero saber porqué me sigues.

Buscó un cenicero con la mirada, y al no encontrarlo, cogió una copa del estante- el reconocimiento de algún evento deportivo- y echó allí la ceniza, despreocupadamente.

-Bien lo sabes- dijo la aludida, levantándose sobre sus inseguras piernas, mientras se sacudía de la ropa el polvo blanquecino del suelo.

-¡Maldita sea, Lo!- la increpó con fiereza- no tenía que pasar esto...

-Pero pasó...- dijo Lo, acariciándose involuntariamente el cuello, herido. Lo siento, Lizzie...

-¡No me llames así! Deberías temerme...-susurró Elizabeth, con la mirada herida, como si sus pupilas desearan retroceder hasta lo más rojo de su nuca, observó el cuello de Lo. La mortífera daga apenas había hecho mella en ella, pero una simple palabra suya, era capaz de arrastrarla en una intensa espiral de dolor y de deseo, hasta arrebatársela a los brazos de la cordura... tan prohibida tan... suya, suya para siempre.

-Te quiero, Lizzie- murmuró Lo, sin culpabilidad en sus ojos. Cuando salgo ahí fuera, entre la niebla, y me miran centenares de ojos, fulgurantes y acusadores, veo tu mirada en cada uno de ellos.

-¿Por qué...?-empezó ella.

-¿Por qué? ¿Por qué?- inquirió, exasperada- no se pregunta por qué cuando alguien te dice que te quiere, las personas se quieren y ya está y no hay mucho más que decir.

- No deberías haberte enamorado de mí- la acusó Elizabeth- ahora mismo deberías estar escondiéndote de ellos... y de mí.

-Tú no vas a hacerme daño, no eres como...ellos.

-No estés tan segura- dijo Elizabeth, con una mirada desafiante en sus ojos oscuros- tengo órdenes de matarte...

-¡No las obedezcas!- exclamó Lo, con un deje de desesperación en su voz- tú no eres como ellos, lo sé, estoy segura. Ellos mataron a mi hermano.

Lo dijo como si eso zanjara la cuestión, como si el hecho de que aquellos seres, ocultos en la penumbra hubieran matado a su único hermano, años atrás, fuera suficiente para que Elizabeth no la matara a ella. Aunque Lo sabía que el hecho por el cual Elizabeth pertenecía a ellos era por despecho, por despecho hacia su padres, por vengarse de todo y de todos. De un mundo, al que creía cruelmente confabulado contra ella.

Elizabeth suspiró.

-Si no les obedezco, me matarán a mí.

-Yo creía que tú y yo...

-Creías mal- la interrumpió Elizabeth- lo que ocurrió aquella noche, sólo fue un signo más de mi debilidad, mi estúpida debilidad que siempre me esfuerzo en ocultar ante un mundo maldito, que se hunde cada vez más en su propia miseria.

-No- trató de tranquilizarla Lo con su tono relajado, casi infantil- el mundo no se divide en buenos y malos, las personas pueden equivocarse, pueden rectificar, enmendar sus errores...

-Mi único error ha sido y será siempre haberme acostado contigo aquella noche.

Los ojos de Lo sé empañaron en lágrimas, que pronto empezaron a caer silenciosamente por su rostro, envueltas en un sentimiento incontrolable: dolor. Elizabeth se arrepentía de haberse acostado con ella. Recordó aquel instante, ya en la noche, con las siniestras emociones de lo prohibido acechando en el ambiente de un bosque maldito. Bajo un cielo distinto del anterior, en el que la niebla nocturna daba al bosque la apariencia de un lugar desolado, o del último rincón del infierno, sabiendo quizá, que tras la muerte de su hermano, no volverían a verse jamás. Las sombras de los árboles, desdibujadas a la luz de la luna, danzaban en silencio, ocultando el siniestro escenario a ojos de un mundo cruel y hostil.

¿Qué hacer cuando la soledad te ahoga si la única superviviente de la tragedia es tu peor enemiga? Creyéndose con derecho a observarte tras las rendijas de una máscara donde la sangre de tu familia brilla con inusitada lucidez ¿Y si te enciende la piel de deseo con esa mirada maldita?

El resto fue muy rápido, antes de que pudiera darse cuenta de lo que hacía, Lo se encontraba en los brazos de la fría asesina. Y, sin saber aún el porqué, se acercó y depositó un beso en los labios maléficos, pero suaves, recorriéndolos por completo con los suyos. Inició una lucha feroz y silenciosa enredando su lengua a la otra cuya victoria fue provocar en el otro cuerpo el mismo deseo que anidaba en el suyo, y buscando despertar el brillo de aquella mirada en la suya propia. Pronto perdió el control y se dejó acariciar por aquella mujer de ojos oscuros, sin saber que era lo que despertaban en ella su cabello de ángel y aquellos ojos, con el mismo diablo acechando tras sus crueles intenciones.

Los pensamientos de Elizabeth respecto a ella, eran muy distintos: “Por una parte, encarna una sensualidad y una actitud vital despreocupadamente contagiosa, pero es el molde adecuado para la exageración, la burla fina y ligera, la expresividad incontenida y cruel, tejiendo deseos imposibles de explicar inspirados en sus ojos verdes como la muerte.”

Se unieron en una danza salvaje, ahora ambas luchaban por controlar su respiración, jadeante, pero eso no hizo que detuvieran su empeño de acariciar el otro cuerpo, hasta provocar que anidara en él el mismo deseo que en el suyo propio, hasta aprender de memoria, la curva que asciende a lo prohibido. Entonces, se separaron. Y Lo tuvo que huir, porque tras matar a su hermano, aquellos asesinos mal nacidos, venían tras ella. Elizabeth no dijo nada. La dejó marchar. Incumpliendo su deber. Y Lo desapareció entre la penumbra del bosque. Supo entonces que no debería haberla dejado marchar, pero era demasiado tarde, el mal ya estaba hecho.

Lo volvió bruscamente a la realidad al notar una mano de Elizabeth sobre su hombro.

-Tienes que entenderlo- dijo ella- tengo órdenes de matarte. Te aseguro que no es agradable, ni mucho menos.

-¡Pero vas a hacerlo!- exclamó ella, dolida, zafándose de la mano de Elizabeth- ¿Entonces por qué no lo haces de una vez y nos dejamos de charla?- preguntó, gritando esta vez- ¡Vamos! ¡Mátame! ¡Mátame como mataste a mi hermano!-la increpó.

-Tu hermano quería que le matara-dijo ella simplemente- me provocó, como estás haciendo tú ahora.

-Yo no te tengo miedo- dijo Lo, y uniendo los hechos a las palabras, retiró un poco el cuello de su camisa, dejando al descubierto los restos de sangre seca que aún quedaban en él.

-Eso no lo han hecho ellos- explicó Elizabeth, tranquilamente, como se le explica a un niño de seis años que los reyes magos no existen- ellos habrían mordido, sin pudor, lo que tienes ahí es de alguien que se ha hecho pasar por ellos, es un corte con una daga de plata- miró el corte con más atención- me atrevería a insinuar que ha sido Tobías.

-¿Cómo... pero... lo conoces? ¿No acabas de decir que alguien se hacía pasar por uno de vosotros?

Elizabeth rió, rió con una risa fresca y sonora, como si nada en el mundo pudiera interrumpirla.

-¿Crees que todos nosotros somos aún vampiros?-inquirió. Luego tomó entre sus manos el delicado y blanquecino brazo de Lo, con cuidado, Lo casi habría asegurado que con ternura.

-Pobre niña ingenua- murmuró como para sí misma- si todos fuéramos aún vampiros, hace mucho tiempo que nuestra raza se habría extinguido, mi madre, de hecho, era mortal- añadió, como si comentara el tiempo que hacía fuera, oscuro y neblinoso- atacaba a sus víctimas con dagas de plata, simulando ser una vampiresa.

Lo la observó, con el espanto plasmado en su rostro, hermético, por lo demás.

-Entonces...- empezó, insegura- ¿Tú eres uno de ellos? Lizzie...- mustió.

Elizabeth sonrió para sus adentros.

-¿Esperabas que fuera una de esas estúpidas mortales que son capaces de pasar su vida entera en la oscuridad sólo para fingir que están de nuestro lado? No, mi querida Lo, soy una de verdad. Tengo más de seiscientos años- añadió.

-Si no fueras una vampiresa... ¿Vendrías conmigo?- inquirió Lo, con una vocecilla infantil.

-¿Ir? ¿Contigo? ¿A dónde?- Elizabeth habló con voz entrecortada, los pensamientos de Lo, expresados en voz alta, la habían sorprendido.

-No sé...- murmuró Lo- a donde sea, lejos de aquí, lejos de este mundo, maléfico, podrido e inhóspito.

-No tienes derecho a pedirme eso- dijo Elizabeth, aunque la inseguridad era palpable en su voz, habitualmente firme y sin titubeos.

-Dime la verdad- pidió Lo- ¿Quién eres realmente?

Elizabeth alzó una ceja, el sarcasmo podía apreciarse desde sus labios, curvados en una extraña sonrisa, hasta la punta de su pie, golpeando el suelo con insistencia.

-Te he dicho lo que soy: una vampiresa, con más de seiscientos años. ¿Qué quieres que te diga? ¿Que adoro la sangre? ¿Que no puedo pasar más de cinco días sin salir a cazar? ¿Que odio la luz del sol, porque podría matarme? Eso son cuentos de viejas- añadió con desdén- los vampiros de verdad no somos así. Nos ocultamos a la luz del sol, sí, pero no por su poder devastador, la oscuridad siempre ha sido aliada natural del mal. Nos movemos con facilidad entre sombras. Cazamos por diversión, no hay necesidad en beber sangre. Es la sensualidad del color rojo lo que nos impulsa a ello.

Lo la observó con sorpresa.

-Pero yo siempre había creído que...

-Ya te he dicho que eso son cuentos de viejas- reiteró Elizabeth con desdén.

Lo era siempre tan inocente... la observó a través de sus ojos, malditos por la avidez de sangre... ella era siempre tan infantil, tan deliciosamente pura e inocente... la de las alas blancas de inocencia, la de los labios rojos de pecado... como un ángel... suya, suya para siempre. La sintió allí, tan perfecta, en la inercia de su vida, precipitándose hacia su propio destino, sangriento y mortal. Para siempre... deseosa de sangre, recorrería las calles, sumidas en la penumbra, bajo la plateada luz lunar, siempre buscando nuevas víctimas, maldiciendo a su propio destino, que se había convertido en una cárcel, cuyos barrotes eran los huesos blanqueados de sus propias víctimas. Por primera vez, se sintió aislada de su propio mundo...

-Vámonos- repitió Lo, suplicante.

A pesar de saber que incumplía su deber, y que tendrían que pasar el resto de su vida, ocultas a ojos del mundo cruel que ellas mismas habían forjado, Elizabeth aceptó esta vez. Aunque más tarde, no sabría explicar porqué justo en aquel momento.

-Te quiero, Lizzie- dijo Lo.

-Yo también te quiero, Lo- dijo Elizabeth.

Y cogidas de la mano, emprendieron una huida desesperada, a través de las calles oscuras, lamidas por la tibia luz de la luna, una huida, que ya no cesaría jamás.

domingo, 1 de agosto de 2010

Dolor latente

Es impresionante….nunca me había pasado algo similar…

Todo empezó aquella noche. Fue un estallido, algo tan fuerte, tan evidente… ¿como pude obviarlo? Aquello era lo que durante tanto tiempo había buscado, y llega el, sin nombre, sin rostro…y me lo muestra.

Siempre había oído hablar de la estética del dolor, del morbo que puede llegar a producir, del placer,… ¿pero sentirlo? Eso era algo que nunca me había planteado. Estirar de la correa, morder, arañar,…unos límites demasiado fuertes para sobrepasar. ¿O quizás no?

Entonces llega el, me lo muestra y se va….se va por donde vino, sin mediar palabra, sin una mirada. Justo lo apropiado. Aquella mañana me dolía todo, nunca pensé que el sexo podía ser tan doloroso y tan placentero. Nunca digas nunca, nena.

Pasaron días, meses….quizás años, no lo sé, fue algo que enterré, como algo vergonzoso que se oculta por miedo a la crítica. Una tía que le va que le peguen… y que le encanta ser violenta, en la sociedad de hoy en día… Lo olvidé, y mis relaciones se volvieron de nuevo “normales”, monótonas.

Hasta que un día…llego un nuevo hombre a mi vida. Un hombre que hizo renacer todo de nuevo. Y yo, propaganda en mano…

Le vi venir, se acerco, me miro y un simple gesto de sus labios hizo que mi cuerpo ardiese en deseo. Son sus labios los que provocan en mí un constante estado de excitación, los que me arrastran al lado oscuro y con los que muero cuando los siento entre mis piernas. ¿Cómo puedo tener la sensatez suficiente para olvidarme de ellos? Mi vello se eriza con su paso, me anuncia su llegada, me insta a que adivine su recorrido. Se hace amo y señor de mi piel con esa boca.
Y sin avergonzarme, aquella noche me liberé y empecé a golpearle.

Quizás le divertía, alguien tan graciosamente pequeña, con una apariencia tan frágil,… ¿Pegándole? Y más me sorprendió cuando pasó de sujetar mis manos a azotar mi rostro. Un placer como el fuego invadió mi cuerpo y al besarle, mordí sus labios tan fuerte que la sangre manó de la herida, inundándome. El dulce líquido se derramó por mi cuello. Lejos de asustarse, siguió mi juego. Clavo sus dientes en mi brazo y desgarro mi piel hasta hacerme sangrar. Un corte, un beso, una caricia, un azote,…todo se cruzo, se mezcló.

Dulce sabor de la agonía, Placer atado a una cadena que pende de mi cuello… sus manos pellizcando mis muslos, sus dedos recorriendo mi Tatuaje, viudas negras emponzoñando mis caderas.

Con la correa de mi cuello, esa tan linda que todos admiran llamándome “gatita”, le até el cuello y apreté. Apreté tanto que el aire llegaba a duras penas a su rostro. Lagrimas de amor asoman a sus azules ojos…que contraste tan bello…azul del cielo y rojo sangre.

Clavé mis uñas en su torso, mordí su cuello y la sangre lleno mis labios. El respondía también con golpes y mi sangre mancho las sabanas.

Pasaron horas, y el juego seguía…Quise llevarlo un paso más. Reviví todo el instinto animal que latente se escondía en mí. Ate sus manos a la cama y con un cuchillo realice suficientes cortes como para ver su sangre resbalar por los brazos. Era precioso ver ese color tan rojo resbalar por una piel tan blanca, tan pura. Su gatita y yo lamiamos la sangre que goteaba.
¿Porque me producía tanto placer verle sangrar? Y el allí, atado, sonriéndome, cada vez más pálido pero pidiendo más…

Le borre esa estúpida sonrisa de enamorado a base de golpes…. No te enamores, no, nunca, niégalo, niégalo todo…

Es normal enamorarse de alguien que como yo, te ofrece su sangre, te ofrece el alma…pero no me des tu vida, al menos esta noche no, no me la des, quédate conmigo, amor….

Sus ojos, cerrados, su piel, suave y pálida…inerte. Su cuerpo, flojo y maleable…y su gatita lamiendo los restos de sangre.

Esa noche aprendí que los limites del deseo son infinitos, que los lazos del amor van más allá de todo y que la vida….la vida está para vivirla…

Darkny the doll

martes, 20 de julio de 2010

.........

Nunca fui buena contando historias, de hecho, creo que a nadie le interesan. Intento aprender de mis errores.
Lo único que siempre deseé era ser lo que necesitabas, estar a tu servicio, Pero ahora estoy sola porque estabas aquí y te has ido. Y lo único que siempre deseé era sentir que tenía un propósito.
Quisiera que sangrases por mí, porque no llegué a estar contigo.
Ahora estás atrapado en mi mente. Y todo lo que puedo prometer, es decir lo que estoy sintiendo y si tienes que partir quisiera que me dejaras y punto, porque siento todavía tu presencia y no me dejara sola. Estas heridas no parecen curarse, hay demasiadas cosas que el tiempo no puede borrar. Solías cautivarme con tu brillante luz que ahora me encadena a la vida que dejaste atrás. Tu rostro me persigue en sueños en un tiempo felices, tu voz se ha llevado mi cordura.

Quiero que sepas que hay otro mundo dentro de mí que tal vez nunca has visto.
Hay secretos en mi vida que no puedo guardar.
En algún rincón de esta oscuridad hay una luz que no puedo encontrar.
Tal vez está demasiado lejos, tal vez estoy ciega, no te diría una cosa dañina que no diría a mis amigos.

lunes, 31 de mayo de 2010

Ophelia infernal PENUMBRA

Imagina un gran espejo, con molduras de color cobre y flores en relieve de gran belleza. Un espejo que cuelga de una pared y que cubre una altura de casi dos metros y medio. Un espejo majestuoso, digno de una princesa, e incluso, me atrevería decir que de una reina. Colocado en una habitación inundada por la luz de la mañana, la brisa fresca del mar entra y llena cada espacio, dotándolo de un halo de ensueño.
Ahora, imagíname. Llevo un vestido de seda color verde claro. El escote marca mis hombros, el rígido corsé ciñe mi talle y eleva con dignidad los pequeños montículos de mis pechos. Bajo el corsé, se extiende una amplia falda de gasa, seda y tul del mismo tono, que no deja ver mis pies descalzos. Mi cabello, color del fuego, cae por la espalda en suaves ondas. Mis ojos posen una dulce sabiduría que no se corresponde con mi edad natural.
Y mi boca…solo pronuncia bellas palabras, sonrisas y tiernas expresiones. Soy todo lo que cualquier hombre o mujer puede desear. Soy luz, amor, sinceridad.
Avanzo lentamente hacia al espejo, el sonido de las telas producen un dulce y sutil sonido. Levanto el rostro y me observo.
Observo mis vestido, mi disfraz de serpiente, que se pega a mi piel y se confunde en cada uno de mis pliegues, produciendo un brillo extraño en la penumbra que ilumina la luz de las velas. El cabello rojo como el fuego flota alrededor de mi rostro, mis manos tienen unas largas y negras uñas que contrastan con la blancura de mi piel. Mis ojos, antes dulces ventanas de mi alma. Ahora, son las ventanas al abismo. Profundos y oscuros surcos recorren sus profundidades.
Y mi boca…solo blasfema, sonrisas inundadas de ironía y expresiones de amargor. La sangre se escurre por sus comisuras, pero mi lengua se relame y no deja vestigio de sangre sobre mi rostro. Soy oscuridad, odio y venganza. Soy una Mayfair tan poderosa como jamás la hubo sobre la faz de estas desoladas tierras.
Soy la araña, que teje su propio destino, con paciencia y tesón, que siempre consigue todo aquello que se propone.
Y esta araña quiere moscas, dulces moscas. Miel en mis labios, moscas en mi estomago. Como el fuego, la sangre y el infierno, rojos son mis ojos al enfurecerme. Adoradora del diablo me
proclamo, seguidora de Baco, perra del infierno, elegida por la parca, muñeca infame, Ophelia infernal…
Carne elevada a carne, mirada dura como el diamante,…
Al retirarme del espejo, se opera el cambio. Lady pomposa queda enganchada dentro del espejo, el cual golpea una y otra vez, intentando romper su prisión de cristal. Golpea repetidas veces, cada vez con más furia, con menos fuerzas. Su dulce piel se astilla, manchando su claro vestido de roja y caliente sangre.
La observo del otro lado, con una sonrisa asomando a los ojos. De los suyos empiezan a asomar lágrimas, las cuales intenta ocultar tapándolas con sus manos. Su rostro ahora está lleno de sangre y al darse cuenta, lady pomposa grita. Yo rio, rio tan alto y tan fuerte que creo que voy a morir de placer.
Lady pomposa sigue con su baldío intento de romper su prisión. Esta vez los nuevos cortes son tan profundos que la sangre mana como un rio por sus blancos brazos. La sangre brota del espejo, al cual acerco un cáliz. Un cáliz que la mismísima Pandora me obsequio. Lo más importante para el ritual ya lo tengo.
He conseguido engañarme a mí misma, aunque haya muerto en el intento….