Como una plaga se extiende
emponzoñando mi cimente
Amando y odiando amar
Por no sentir, por no mirar
La Muerte, que golpeó cuando más confiaba.
Y en mi fe certera dudé, ser otra vez golpeada,
el insensible Tiempo y la enfermedad, ha marchitado mi alma.
La plaga, sobre la plaza de la horca,
se extiende callada y sesgada,
Bañada por la luz plateada.
Y llena de sangre coagulada;la Pena ha pasado, arrastrando la flor dorada.
La mentira se desnuda de su vestido de orgullo,
Pero dentro de esta amabilidad simulada,
La muerte fluyó en un silencioso murmullo.
Poco he llorado por la alegría perdida.
Más por no llorar, mi alma han de enterrar.
La Esperanza estaba allí, y reí de la Tristeza,
Susurrando: la paz he de encontrar.
¡Y Contemplad! Retorcida en el seno de la tierra
La Primavera dotó de belleza a la incipiente putrefacción;
El Viento, la Lluvia, y el fervoroso calor me besaron
haciendo nacer una flor.
Pronto cayó una nevada, más las alas del dolor no podrían barrerlo,
Su brillo distante forzó la fuga del temor;
Que en su esencia, tenía el poder del Amor,
Alejándome de todo mal, de toda plaga, excepto de ti.
Muerte cruel! mis manos alcanzarte quisieran,
En el crepúsculo a mi tumba he de volver;
Y el sol matutino se burla de mi angustia.
El Tiempo, para mí, ya nunca va florecer.
Paradlo, para que tus labios pueda besar,
donde mi cuerpo infecto pueda amar.
Así, al menos, nuestros carcomidos cadáveres nutrirán
aquel seno de donde surgieron: La Eternidad.
sábado, 5 de marzo de 2011
El pecado

Lo llevo en la sangre, anida entre mi piel y los huesos. Se derrama por mis labios al pronunciar tu nombre.
Y adopta mil formas, pero nunca se contiene. Lo guardo en la copa de mi sostén.
Se que mi mirada puede ser la puerta que cruces para caer en el abismo. Y Solo yo tengo la llave de esa puerta.
El encaje de mi ropa es la soberbia.
Un liquido caliente se escurre por mis muslos, mezcla de deseo y sangre.
Hoy nada ni nadie pone freno a mi calor, y siento que me consumo. Quisiera morder esa carne, desgarrarla,
alimentarme de ti.
Quisiera gritar. Pero solo puedo silenciarme, observando como son mis dedos los que se llenan de sangre,
son mis muslos los que se desgarran ante los crueles dientes de desconocidos.
Y es amor anónimo lo que sustentan mi alma a día de hoy.
Aunque se que solo se trata de mi metamorfosis. la pregunta es hasta que punto mudaré la piel.
Contemplo como cierras la puerta al salir, y solo me quedo con tu sonrisa y el dinero.
Como la cuerda de una guitarra tensandose, un gemido camuflado con una sonrisa, esta miel volviéndose fuego.
Mis hermanas cobran vida en mi cuerpo, escalan por mi pecho, se introducen en mi boca.
Y veo como anidan, proliferan y se alimentan de mi alma, solidificandola con cada succión.
La mentira es mi nido, tejido con mi alma.
Y mientras, mi rimmel mancha mi rostro, tan sucio como mi cuerpo, tan corrupto como mi mente.
Llevo el pecado en la sangre y me siento nueva con cada piel cubriendo la mía, aunque al retirarse sea
el mas repugnante de los seres.
Solo cuando tu cuerpo se vacia de todos sus jugos y yaces inerte sobre la fria mesa de un deposito de cadaveres se
pierde. Ahi eres uno cuerpo más. Pero aún no estamos muertos...
En el abismo
Cuando cada rostro pierde significado y no hay rasgos que los definan.
Cuando andas buscando respuestas a tientas en la oscuridad de tu mente.
Las uñas de tus manos son esquirlas ensangrentadas.
Y el raso negro que cubre tu cuerpo se vuelve una jaula textil. Silencias palabras,
olvidas recuerdos, te muerdes la lengua y la sangre se agolpa en la boca.
Coagulos que tragas, calientes se derraman en tu estomago, como un caldo purificador de todas las mentiras que te tragas.
Y piensas que cada sentimiento vivido no es nunca nuevo y antes otras ya lo pasaron.
Que otras veces lo viviste, y aun así, siempre tiene el poder de parecer algo nuevo.
Repites una y otra vez besos caricias y rabia contenida. Soñolienta cada mañana, cansada cada noche.
La realidad es tan densa como la niebla. Y cuando una rayo de solo asoma es para ser cortado de raíz.
Y tu, como una marioneta pendiente de ese hilo, caes sobre el frío asfalto.
El viento arranca tus negras alas y mueres sola tal como nacistes.
Pero vuelves a contemplar los atardeceres del amor para sucumbir a la noche y cerrar los ojos ante la niebla del amanecer.
Creyendo que ese sol durará siempre. Pero es solo una discontinuidad de cuerpos retorciendose en el deseo carnal.
Y lo que ellas llaman amor, yo lo llamo Abismo.
Cuando andas buscando respuestas a tientas en la oscuridad de tu mente.
Las uñas de tus manos son esquirlas ensangrentadas.
Y el raso negro que cubre tu cuerpo se vuelve una jaula textil. Silencias palabras,
olvidas recuerdos, te muerdes la lengua y la sangre se agolpa en la boca.
Coagulos que tragas, calientes se derraman en tu estomago, como un caldo purificador de todas las mentiras que te tragas.
Y piensas que cada sentimiento vivido no es nunca nuevo y antes otras ya lo pasaron.
Que otras veces lo viviste, y aun así, siempre tiene el poder de parecer algo nuevo.
Repites una y otra vez besos caricias y rabia contenida. Soñolienta cada mañana, cansada cada noche.
La realidad es tan densa como la niebla. Y cuando una rayo de solo asoma es para ser cortado de raíz.
Y tu, como una marioneta pendiente de ese hilo, caes sobre el frío asfalto.
El viento arranca tus negras alas y mueres sola tal como nacistes.
Pero vuelves a contemplar los atardeceres del amor para sucumbir a la noche y cerrar los ojos ante la niebla del amanecer.
Creyendo que ese sol durará siempre. Pero es solo una discontinuidad de cuerpos retorciendose en el deseo carnal.
Y lo que ellas llaman amor, yo lo llamo Abismo.
Repetición y/o eterna ironia.
Recuerdo como de niña saltaba en la cama. Ahora de adulta también salto, pero no de la misma forma.
Recuerdo que un día se rompió la tabla del somier y mi padre tubo que cambiarla. De adulta recuerdo que la madre de un "el" tubo que quitar el cabecero de aquella cama por que hacíamos mucho ruido.
De niña quise probar el sabor de la lejía y tuvieron que hacerme un lavado de estomago.
De adulta quise probar el sabor del éxtasis y también acabe en un hospital.
De niña tenia la obligación del colegio.
De adulta tengo la obligación del trabajo.
De niña, el amor idílico hacia un profesor.
De adulta, sexo con un alumno.
De niña lloraba por algo.
De adulta lloraba por alguien.
La vida es una continua repetición, suma de errores y éxitos.
Vivimos marcados por normas morales, leyes, sentimientos.
Pero es un continuo deja- bú. Como el estribillo de una canción.
Una canción que cada uno escribe. Marcamos el ritmo con nuestro andar día a día.
De niña llevaba lazos de satén en el pelo.
De adulta, el satén está en mi ropa interior.
De niña quería ser adulta.
De adulta finjo ser niña.
De niña no mentía
De adulta dejo entrever la verdad
De niña me disfrazaba continuamente.
De adulta nunca me quito mi piel de serpiente.
De niña besé el frió cadáver de mi abuelo en su lecho.
De adulta me beso a mi misma al mirarme al espejo y al contemplar mi pálido rostro.
Recuerdo que un día se rompió la tabla del somier y mi padre tubo que cambiarla. De adulta recuerdo que la madre de un "el" tubo que quitar el cabecero de aquella cama por que hacíamos mucho ruido.
De niña quise probar el sabor de la lejía y tuvieron que hacerme un lavado de estomago.
De adulta quise probar el sabor del éxtasis y también acabe en un hospital.
De niña tenia la obligación del colegio.
De adulta tengo la obligación del trabajo.
De niña, el amor idílico hacia un profesor.
De adulta, sexo con un alumno.
De niña lloraba por algo.
De adulta lloraba por alguien.
La vida es una continua repetición, suma de errores y éxitos.
Vivimos marcados por normas morales, leyes, sentimientos.
Pero es un continuo deja- bú. Como el estribillo de una canción.
Una canción que cada uno escribe. Marcamos el ritmo con nuestro andar día a día.
De niña llevaba lazos de satén en el pelo.
De adulta, el satén está en mi ropa interior.
De niña quería ser adulta.
De adulta finjo ser niña.
De niña no mentía
De adulta dejo entrever la verdad
De niña me disfrazaba continuamente.
De adulta nunca me quito mi piel de serpiente.
De niña besé el frió cadáver de mi abuelo en su lecho.
De adulta me beso a mi misma al mirarme al espejo y al contemplar mi pálido rostro.
Amar a una mujer
Me enseñaron a apreciar la forma, el color, los contornos.
Sin saberlo, un ideal de belleza se formo en mi seno.
Y con la madurez, descubrí lo que me negué en la adolescencia.
A mi mente no solo acuden las formas masculinas, sino que evocan cuerpos entrelazados
Curvas sinuosas que nunca tome. Y es la suavidad de un seno lo que mis manos piensan
que acunan.
Enciende mi deseo un simple contoneo de caderas, y no necesito la aridez de unos
labios masculinos para acallar el anelo entre mis piernas.
Perfecta, como una Venus recién salida de la ducha, su piel brillando por el agua,
que se escurre por su espalda.
Amar a una mujer, amarme a mi misma por querer ser yo, por aceptar que mi cuerpo no
esta sujeto al canon establecido, más allá de la moralidad que nos inculcan desde
que nacemos.
Un ser humano junto a otro, ambos cálidos. Y no hay diferencias en esos momentos.
Y las bocas se sellan con un beso húmedo, donde el sabor es genérico.
Si es cierto que el cuerpo femenino es más bello estéticamente que el masculino,
aunque llegado el momento los ame a ambos por igual.
La piel es más suave, la mirada más clara, la voz posee una cadencia dulce,
las manos una delicadeza digna de un ángel
Una mujer de formas leves, mirada suave como su voz, como sus manos.
Y la larga extensión de sus cabellos sobre mi almohada sin importar el tono.
Una mujer a la que amar y observarla dormir cuando todos los deseos se han satisfecho.
Por que en mi mente, se puede erotizar a la virgen maría, cuyo velo cubra sus formas,
dejando entre ver por el fino tejido sus sonrosados pezones.
Sin saberlo, un ideal de belleza se formo en mi seno.
Y con la madurez, descubrí lo que me negué en la adolescencia.
A mi mente no solo acuden las formas masculinas, sino que evocan cuerpos entrelazados
Curvas sinuosas que nunca tome. Y es la suavidad de un seno lo que mis manos piensan
que acunan.
Enciende mi deseo un simple contoneo de caderas, y no necesito la aridez de unos
labios masculinos para acallar el anelo entre mis piernas.
Perfecta, como una Venus recién salida de la ducha, su piel brillando por el agua,
que se escurre por su espalda.
Amar a una mujer, amarme a mi misma por querer ser yo, por aceptar que mi cuerpo no
esta sujeto al canon establecido, más allá de la moralidad que nos inculcan desde
que nacemos.
Un ser humano junto a otro, ambos cálidos. Y no hay diferencias en esos momentos.
Y las bocas se sellan con un beso húmedo, donde el sabor es genérico.
Si es cierto que el cuerpo femenino es más bello estéticamente que el masculino,
aunque llegado el momento los ame a ambos por igual.
La piel es más suave, la mirada más clara, la voz posee una cadencia dulce,
las manos una delicadeza digna de un ángel
Una mujer de formas leves, mirada suave como su voz, como sus manos.
Y la larga extensión de sus cabellos sobre mi almohada sin importar el tono.
Una mujer a la que amar y observarla dormir cuando todos los deseos se han satisfecho.
Por que en mi mente, se puede erotizar a la virgen maría, cuyo velo cubra sus formas,
dejando entre ver por el fino tejido sus sonrosados pezones.
martes, 22 de febrero de 2011
Hasta caer muerta
Esos dulces días del amor ya pasaron, barrida la arena por una caprichosa ola.
Y es dulce el sabor del recuerdo que deja, pero llena de llagas mi boca.
Es irónico como el órgano mas repugnante y visceral del cuerpo, se identifica con el amor.
La depuradora de sangre, bombeando sin cesar, limpiando de todos los errores que cuando se es joven se cometen.
En estos días que todo se comercializa, me encuentro rodeada de globos con su forma,
como recordándome que el mio no tiene los ventrilos necesarios para funcionar correctamente.
Y es extraño, un transplante no solucionaría el problema.
La gente se traga la imagen bella del amor, a mi me basta con la real.
Aquella que supura sangre, aquella que no miente cuando bombea sus cálidos humores.
Y rodean un solo día de caras fragancias, del sabor del chocolate,
de tarjetas que proclaman a los cuatro vientos, vulgares promesas de amor eterno.
Y cuando uno ama, se lo cree todo. Espera con ilusión el día, busca lo adecuado
para su amado.
Pero para quien como yo, conoce las vísceras que se esconden tras la imagen idílica
que se vende,
El perfume es un cumulo de putrefacción en mis fosas nasales, caldo de cultivo de
infecciones.
El chocolate es un ácido que quema mis papilas gustativas, solidificando mis jugos
gástricos en una acuosa masa alojada en mi interior.
Tarjetas no recibí nunca, y mucho menos flores.
No se por que siempre mis regalos llegan tarde. Días o semanas, no importa.
Acumulan polvo en los estantes de mi alma.
Y cuando miro atrás y les veo, parecen decirme: "Tu una vez amaste. Llenaste tu alma
de falsas esperanzas."
Ahora cuando capto el sabor de las bilis al acercarse este dia...Solo Trago. Como trago tequila para callar los recuerdos.
Como me tragué las mentiras que me decían y como seguiré tragando, en mis futuros silencios, las ganas de gritar.
Y es dulce el sabor del recuerdo que deja, pero llena de llagas mi boca.
Es irónico como el órgano mas repugnante y visceral del cuerpo, se identifica con el amor.
La depuradora de sangre, bombeando sin cesar, limpiando de todos los errores que cuando se es joven se cometen.
En estos días que todo se comercializa, me encuentro rodeada de globos con su forma,
como recordándome que el mio no tiene los ventrilos necesarios para funcionar correctamente.
Y es extraño, un transplante no solucionaría el problema.
La gente se traga la imagen bella del amor, a mi me basta con la real.
Aquella que supura sangre, aquella que no miente cuando bombea sus cálidos humores.
Y rodean un solo día de caras fragancias, del sabor del chocolate,
de tarjetas que proclaman a los cuatro vientos, vulgares promesas de amor eterno.
Y cuando uno ama, se lo cree todo. Espera con ilusión el día, busca lo adecuado
para su amado.
Pero para quien como yo, conoce las vísceras que se esconden tras la imagen idílica
que se vende,
El perfume es un cumulo de putrefacción en mis fosas nasales, caldo de cultivo de
infecciones.
El chocolate es un ácido que quema mis papilas gustativas, solidificando mis jugos
gástricos en una acuosa masa alojada en mi interior.
Tarjetas no recibí nunca, y mucho menos flores.
No se por que siempre mis regalos llegan tarde. Días o semanas, no importa.
Acumulan polvo en los estantes de mi alma.
Y cuando miro atrás y les veo, parecen decirme: "Tu una vez amaste. Llenaste tu alma
de falsas esperanzas."
Ahora cuando capto el sabor de las bilis al acercarse este dia...Solo Trago. Como trago tequila para callar los recuerdos.
Como me tragué las mentiras que me decían y como seguiré tragando, en mis futuros silencios, las ganas de gritar.
Repetición
Recuerdo como de niña saltaba en la cama. Ahora de adulta tambien salto, pero no de ma misma forma.
Recuerdo que un dia se rompio la tabla del somier y mi padre tubo que cambiarla. De adulta recuerdo que la madre de un "el"
tubo que quitar el cabecero de aquella cama por que hacia mucho ruido.
De niña quise probar el sabor de la lejia y tuvieron que hacerme un lavado de estomago.
De adulta quise probar el sabor del extasis y tambien acabe en un hospital.
De niña tenia la obligación del colegio.
De adulta tengo la obligación del trabajo.
De niña, el amor idilico hacia un profesor.
De adulta, sexo con un alumno.
De niña lloraba por algo.
De adulta lloraba por alguien.
La vida es una continua repetición, suma de errores y exitos.
Vivimos marcados por normas morales, leyes, sentimientos.
Pero es un continuo deja- bú. Como el estribillo de una canción.
Una canción que cada uno escribe. Marcamos el ritmo con nuestro andar día a día.
De niña llevaba lazos de saten en el pelo.
De adulta, el saten está en mi ropa interior.
De niña quería ser adulta.
De adulta finjo ser niña.
De niña no mentía
De adulta dejo entrever la verdad
De niña me disfrazaba continuamente.
De adulta nunca me quito mi piel de serpiente.
De niña besé el frio cadaver de mi abuelo en su lecho.
De adulta me beso a mi misma al mirarme al espejo y al contemplar mi palido rostro.
Recuerdo que un dia se rompio la tabla del somier y mi padre tubo que cambiarla. De adulta recuerdo que la madre de un "el"
tubo que quitar el cabecero de aquella cama por que hacia mucho ruido.
De niña quise probar el sabor de la lejia y tuvieron que hacerme un lavado de estomago.
De adulta quise probar el sabor del extasis y tambien acabe en un hospital.
De niña tenia la obligación del colegio.
De adulta tengo la obligación del trabajo.
De niña, el amor idilico hacia un profesor.
De adulta, sexo con un alumno.
De niña lloraba por algo.
De adulta lloraba por alguien.
La vida es una continua repetición, suma de errores y exitos.
Vivimos marcados por normas morales, leyes, sentimientos.
Pero es un continuo deja- bú. Como el estribillo de una canción.
Una canción que cada uno escribe. Marcamos el ritmo con nuestro andar día a día.
De niña llevaba lazos de saten en el pelo.
De adulta, el saten está en mi ropa interior.
De niña quería ser adulta.
De adulta finjo ser niña.
De niña no mentía
De adulta dejo entrever la verdad
De niña me disfrazaba continuamente.
De adulta nunca me quito mi piel de serpiente.
De niña besé el frio cadaver de mi abuelo en su lecho.
De adulta me beso a mi misma al mirarme al espejo y al contemplar mi palido rostro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
