domingo, 20 de noviembre de 2011

Dampyr caperucita y el Lobo Scout

Había una vez una joven que vivía en la linde de un bosque...
Su nombre era Dampyr, poseía una serie de facultades que la hacían especial y diferente, y por tanto, inaceptada por sus semejantes. Era conocida entre sus amigas como la viuda negra, pues sin saber muy bien como, todos sus pretendientes morían al poco tiempo, victimas de una hemorragia fatal entre sus brazos. Dampyr era la causa de la muerte prematura y por ello lamía las heridas de los jóvenes, pensando que el dulce sabor de la sangre era el ultimo regalo que ellos le daban.

Por eso, a modo de recordatorio de cuan peligroso eran sus besos, siempre llevaba una caperuza color rojo sangre cuando cruzaba el bosque, a modo de advertencia para los osados que anhelasen pretenderla.

Todas las noches, Dampyr cruzaba el bosque cubierta con su caperuza hasta el hogar de Hell, para que esta proporcionase los carbones que en el plenilunio Dampyr encendería en su habitación, buscando encontrar el calor que de forma natural se le negaba...

Aquella noche, Dampyr caminaba por el bosque como cada mes, pensando en el calor que siempre ansiaba en las frías noches de invierno... en los cadáveres que en la fosa se retorcían por su causa, secos de sangre, en su maldición por sentirse joven, rápida y fuerte...sin tener en cuenta que un grupo de Scout estaba acampando aquella noche por la zona.

Caminaba despacio a pesar de que era consciente de que el bosque estaba ocupado por aquellos humanos, amantes de la naturaleza; y pensaba en quien podría ser su próxima caza cuando, sin saber muy bien de donde, escucho el ruido de unos pasos que probablemente buscaban ser escuchados por Dampyr. 
Si es un Scout -pensó Dampyr- me alimentaré de su sangre...solo por tener la osadía de acecharme en mi territorio...

Sin embargo, algo diferente a lo que pensó quiso atacarla desde la copa de un árbol...algo que no podía ser un simple humano,algo con demasiadas agallas para atacarla a pesar de la advertencia de la caperuza que la ensalzaba como la viuda negra del bosque.

Y de pura suerte, ese ser cayó de la copa del árbol desde una altura increíble, errando el golpe fatal y...
era solo un Scout¡¡ un "Scout" que se atrevía a espiarla?? a ella?...y que hacía allí arriba? la había visto cruzar y se había escondido allí para no ser visto? o acaso intentaba... No,no,... era solo un humano...un humano de sangre liquida y caliente...

Dampyr sonrió ante la osadía de aquel humano, el cual con el hombro herido la miraba desde el suelo...la miraba...y por primera vez en su vida, Dampyr sintió pena por lo que podría haber sido su víctima y sin saber muy bien por que, intento ayudar al Scout herido.

Orgulloso¡¡ -Pensó entre dientes- el Scout se levanto sin ayuda de Dampyr,desapareciendo veloz entre la espesura del bosque... Había huido de ella, que por primera vez mostraba su lado amable...y ni siquiera mencionó su nombre para que Dampyr pudiese recordarle...

Muchas lunas pasaron y Dampyr no podía evitar preguntarse por aquel Scout, que bajo la luna casi llena y herido huyo de ella... Recordaba su rostro ensombrecido por el dolor, sus fuertes manos y sus dispares e inquietantes ojos...tiernos, duros y e imperecederos.

Por que tanta importancia para un casual del destino? -Se preguntaba- Y pidió consejo a Hell, pero su mirada era un hielo que quemaba...habló con las Moiras, pero el tapiz estaba tan sucio de sangre que no se podía leer... Así que decidió seguir su eterno vagar por las noches...
No sabia por que se preocupaba por un suceso de unos segundos con un humano...

Hasta que de nuevo, en una noche de plenilunio, Dampyr, con su caperuza color rojo sangre, se adentro en la negrura del bosque sin producir ningún sonido más allá del de su propia respiración...

Caminaba atenta al bosque y sus peligros, con el miedo a la oscuridad, como siempre, oculto en la penumbra que le proporcionaba la luz de la luna llena y con los sentidos despiertos...oculta bajo su capucha. 

Sentía un frío aterrador, un frío natural que poco a poco, a medida que se adentraba en el bosque, disminuía...y esto la inquietaba, pues solo los carbones de Hell podían descongelar el frío de sus entumecidos huesos...

Escucho en la lejanía el sonido de un corazón, que con ritmo tranquilo bombeaba sangre tan ardiente como el magma. Su tamaño debía de ser descomunal y a cada paso que daba, más seguridad tenia de que el ser que poseía ese corazón sabia de su llegada al bosque, su bosque... y la llamaba.

Dampyr se creció ante el peligro, dispuesta a pelear por lo que era suyo...y adopto la postura defensiva que desde pequeña usaba. Descubrió su rostro, arqueo su cuerpo, sacó sus incisivos...y empezó a correr, dispuesta a morder, desgarrar y apoderarse de aquella gran fuente de poderosa sangre. Corrió, y corrió siguiendo su instinto depredador, atenta al bombeo incesante y cada vez más cercano del latido...
Su instinto la llevo a un claro en el mismo corazón del bosque...

Dampyr freno en seco al verle.

Allí estaba el Scout de aquella vez, sin heridas... 
Bajo la luna llena, la miraba desafiante con una sonrisa peligrosa en los labios. Su pecho, desnudo, estaba cubierto por un vello antinatural de ser humano.
Caminó descalzo hacia Dampyr. Su andar era seguro y a pesar de su forma humana, algo inquietaba a la joven, la cual se hallaba presa bajo el peso de esa mirada.

El Scout, a pesar de su aire intimidador, inspiraba en Dampyr una mezcla de curiosidad y sensación de peligro a partes iguales. Dampyr cerro los ojos, intentando descifrar el misterio de aquel ser, y sintió que respiraba sobre ella, olfateando su miedo a ser la presa por primera vez en la vida.

Y en un atisbo de valor, alzo la mano, escuchando de nuevo el latido de ese gran corazón, y el río de sangre cálida que corría por sus venas.Quiso morder...y mordió....pero lo hizo suavemente, sin desgarrar la dura piel del hombre, al igual que el hacia con ella, oliendo cada centímetro de su piel, sin miedo alguno...buscándose y jugando a ser mordidos y a morderse...y el calor de el aumentaba, transformando la piel en otra cosa...

Los dedos de Dampyr se fundieron con el pelaje de algo similar a una bestia, que sin saber muy bien por que, se dejaba acariciar por la pequeña sanguijuela que sabia que era Dampyr. La bestia rugió, pero Dampyr estaba demasiado absorta en el calor que le proporcionaba...demasiado extasiada oliendo la sangre cercana...y atacó solo por instinto...
A través del denso pelaje de la bestia manó la sangre, una sangre como ninguna otra...

Dampyr abrió los ojos, separándose al instante, y descubrió que entre sus colmillos había encontrado un lobo... Un lobo que triplicaba su tamaño. De un denso pelaje negro como la noche, colmillos tan grandes como su cabeza...un ser peligroso como ella, como el bosque que habitaba...
Pero Dampyr no quiso huir. Aquel ser la había llamado de forma inconsciente, le había dado su sangre sin miedo, le había mostrado su lado humano... Así que quiso permanecer junto al calor de su corazón por todas las noches venideras.

Y cada luna llena, Dampyr acude al bosque junto al gran Lobo, donde se alimentan mutuamente para que el resto del mes, sus formas humanas puedan cohexistir sin que Dampyr sienta el frío eterno que la condena...y el Scout pueda controlar el fuego de su lobo interior...


miércoles, 5 de octubre de 2011

La sangre equivocada


La sangre tan preciada que con ansia bebió Erzsebeth, fue expulsada por su boca, derramandose por sus labios como un torrente de fuego liquido que quemo todo a su paso.

Sangre muerta, coagulada, fría e insípida. Eso era. Beber de un no muerto no era plato de buen gusto.

Tras destriparlo y posar sus fríos labios en el tajo abierto de su estomago, le pareció el manjar más exquisito, con la textura más dulce y fina que había probado en su vida. La sangre manaba sin piedad, llenándole la boca, el rostro, el pelo e incluso la cara ropa de diseño.

Pero en una fracción de segundo, la herida se cerró cruelmente, dejando a Erzsebeth con el ansia del hambre, con el pavor de lo consumido,...y llegó un dolor de estomago que la hizo retorcerse sobre el pavimento. Tras las primeras bocanadas lo comprendió. Aquel ser era tan inhumano como ella soñaba serlo.

El hombre la tomo por el pelo, lleno de sangre que se empezaba a secar, formando una costra seca y maloliente, y la arrastró a la oscuridad del callejón. Allí desgarro su ropa, dejándola semidesnuda junto a sus lágrimas.La chiquilla lloraba desconsoladamente, y entre temblores, suplicaba piedad. Solo quería "alimentarse" del placer que proporciona la sangre humana, pues era conocedora del poder curativo de esta.
Era portadora de Porfiria desde niña, y nunca pudo estar bajo la luz del sol. Su piel se escamaba, supuraba pus y sangre a partes iguales, y los gritos a causa de las fiebres y el dolor se extendían por días y semanas enteras...

Hasta que hace un año empezaron sus salidas nocturnas, en las que Erzsebeth, con ayuda de una daga de plata sustraía a sus victimas el preciado liquido y durante semanas perduraba en ella una calma absoluta y por momentos casi normal...

Pero la recaída era cada vez más profunda, llegando a tener los ojos inyectados en sangre, a caersele las uñas, a perder el cabello...así que empezó a frecuentar sus salidas cada vez más, llegando a matar a los portadores de su vida liquida.

No era una asesina piadosa. Se regodeaba en la muerte, mutilando a sus victimas y haciéndoles comerse sus propios trozos de carne. Sacaba su dolor proporcionándoselo a otros.

Una noche, corto los dedos de una joven de su edad, envidiando de extrema belleza; para introducírselos en todos sus orificios. Cosió su boca, maquilló su rostro y rapó su cabeza. Después abrió su vientre y bebió la sangre que manaba de sus tripas, introduciendo su rostro en el interior.

A Erzsebeth le encantaba "devorar" la sangre, se deleitaba en su consumo como un drogadicto en la cocaína. La necesitaba.

Sin embargo allí estaba aquella noche, suplicando por la vida que tantas veces había soñado con perder en pos de su cruel enfermedad. Desnuda, con frío y llena de sangre, contemplaba aquellos ojos negros que la miraban casi desde el cielo.

Y sin saber como, supo que el no la mataría. En el fondo eran iguales.Seres sin voluntad, que mataban con una necesidad impoeriosa: ella patológica y el fisiológica. Que se escondían del mundo y del sol, astro rey destructor de sus no vidas. Por que ella aún estando viva, estaba muerta.

Dependía de la muerte tanto como la anhelaba, pero no tenia el valor de abrazarla. Se levanto del suelo. Miro desafiante al no muerto, que con una sonrisa en los labios, adivinaba cada uno de los pensamientos de Erzcebeth.

Contemplo su pálido rostro, el sarcasmo de su sonrisa, el brillo oscuro de su mirada al contemplarla desnuda. Virgen.

Y en Erzsebeth despertó el deseo de sentirse llena de algo muy diferente a la sangre.

Sin darse apenas cuenta se encuentró humedeciendo su labios con la lengua, mirando al hombre que la observaba con deseo y sus maños desabrocharon uno a uno de los botones de su camisa. Besó sus labios, que se entreabren dando una bienvenida a su boca. El sabor de los restos de sangre se mezclaron con el aroma del pelo oscuro y largo del extraño.

Los dedos de Erzcebeth se aferraron a la espalda de su sangriento amante, el cual terminó de desnudarla en un segundo.

Su pecho, subía y bajaba con calor a pesar del frío viento. Pronto empezó a nevar, pero para Erzsebeth era la más cálida de las noches...Se corto en el muslo, anhelando los labios de Él en ese lugar tan intimo, tan húmedo por la sangre...y el deseo.

Pero el quiso beber de otros fluidos, y la sangre se mezcló con el amor efímero de saberse amada antes de morir.

Así se rompió el velo de su inocencia, la niña mutiladora de cuerpos ajenos fue mutilando el suyo propio mientras el la penetraba.

Se corto en las manos, los muslos, el vientre, y el rostro con tanta ansia de sentirse amada que olvidó por completo su propia hambre.
Y el bebía de todos sus flujos, la hizo suya en todos los sentidos imaginables, introduciendo los dedos en su boca, en sus heridas,...

Erzsebeth gemía y gritaba, mezclando dolor con ansia, llorando y riendo, muriendo y amando lentamente al principio. Rápido al llegar al orgasmo.

Cuando todo acabó, Erzsebeth era un amasijo de carne rosa sobre el asfalto, derretida ante en el calor del deseo. Su  pálida piel manaba sangre por doquier, sin freno, sin limite, y se derramaba ante la mirada del no muerto, que sin preámbulos, arranco su dulce corazón...para dejar a Erzsebeth como un recipiente vacío y seco al fondo de la calle....donde la luz del sol acariciaría su piel en el amanecer de un nuevo día sin amor...sin volver a quemarla nunca más...



domingo, 11 de septiembre de 2011

Desangrame, mi amor....


Se recomienda a todas las personas afectadas de dolencias o problemas cardiacos y/o posean estómagos débiles, que las escenas que describe este relato pueden provocar paradas cardíacas o vómitos. La decisión es de usted.
La autora no se responsabilizará de las muertes causadas por reventones de corazón o asfixias a consecuencia de vómitos mal expulsados.
                                
                                                                !!!Gracias¡¡¡

El formol evitará tu grito y tus ojos se cerraron ante el abismo para abrirse con pasmoso temor ante la visión de mi rostro.

Diluyo 300mg de modafinilo y te lo inyecto mientras duermes. Para aquellos ignorantes de los efectos de este fármaco, comento que el modafinilo es un neuroestimulante con propiedades neuroprotectoras indicado para el tratamiento de somnolencia Excesiva Diurna asociada con Narcolepsia, la somnolencia Excesiva Diurna, asociada con Apnea Obstructiva del Sueño e incluso Desorden del sueño por cambio de turno laboral o shift work.

Es fácil de encontrar y se vende en farmacias sin receta. En los ensayos clínicos realizados el modafinilo mostró incrementar y mejorar el estado de vigilia. Comparado otros estimulantes del sistema nervioso central, el modafinilo produce unas 200 veces menos euforia. El sujeto estará en plenas facultades, sin posibilidad de caer inconsciente en ningún momento a causa del dolor generado.

Pasados 5 minutos, despiertas.
Te descubriras atado de pies y manos, inmóvil, consciente de la presencia de las cuchillas, el escalpelo y los alicates. Hilo y aguja coserán tu amor a la vida, mientras gritas improperios ante el miedo de sentirte preso.

Para que no muerdas, como preludio del dolor, una barra de acero rompe algunos de tus dientes.
Lágrimas se aculan en tus ojos, con miedo de asomarse más allá de donde se asoma tu ira.
Se que te encanta la fragilidad del cristal. Coleccionabas figurillas de cristal de  swarovski y nadie podía tocarlas.

Ayudada de los alicates, sostengo tu lengua y trazo una cruz sobre su superficie, ayudada de la mas afilada de tus figurillas, un cisne de 12 cm cuyo pico se alarga unos 4cm desde la base del cráneo al extremo del pico.
¿Duele? Cariño, no serás más esclavo que de tu propio cuerpo.

Ahora gritas. Sientes el sabor de la sangre en tu boca, tragas con agonía su coagulada textura. Y me deleito describiéndote poco como procederé. Si piensas que eso es dolor, de aquí a unas horas pensarás que ahora estás en el cielo respecto a lo que sentirás en breve.

Fuerzo y rompo tu ropa hasta que queda en el suelo. Desnudo ante... mi una vez más. Ya no gritas. Me contemplas con el odio asomado en tu rostro. Sabes lo que toca.

Destrozar tu oscura piel, coagulos infecciosos que se pudren en mis manos. De un tajo abro tira a tira los tendones de tus brazos, esos que ejercitas continuamente.

Y con mis propias uñas estiro la piel de tus párpados sin dilación, cosiéndolos a tus pobladas cejas. Si intentas cerrar los ojos, te rajaras. Si los mantienes abiertos verás como de nuevo cojo un atizador y lo arrimo al fuego hasta que el trozo de hierro se pone al rojo vivo.

Poco a poco lo undo en tu vientre,y tras entrar, sale por la espalda.
No hay sangre ya que al estar al rojo vivo, al mismo tiempo que desgarraba la carne iba cauterizando la herida, produciendo una dolorosa cicatrización. Pero tus tripas se desmenunzan un poco y algunas desafortunadas caen sobre el parque, como trozos de morcillas churrascados. Mientras gritas y gritas, y solo mi risa se confunde con tu voz.
Pero voy paso a paso, no intentes desmallarte, mi vida. No podrás.
Quiero que seas testigo de tu propia muerte. Con ella alcanzarás la redención.

Tus labios que un día besé quedan en una mueca de dolor retorcida, plagados de gritos, agónicos surgidos de lo más profundo de tu alma.

¿Ves como tu sangre salpica mi rostro? el fuego que corre en este instante por mis venas posee la pureza que da el poder. Poder de sentirte más viva que nunca ante la cercanía de la muerte, como si la parca y su afilada guadaña fuese una sombra que se esconde entre un publico inexistente.

Ahora hay que actuar rápido. Has de sentir el máximo dolor antes de que esta llegue. Saco el cuchillo. Sostengo tu miembro flácido entre mis manos como tantas otras veces lo hice en el pasado.

Cuanto placer ha generado y cuanto placer me va a generar ahora....
Primero arranco la piel desde el prepucio a la base. Gritas mirando como queda la piel de tu polla entre mis dedos.

Tras eso vuelvo a abrírtela, capa tras capa, dejando la uretra y todos los conductos al aire libre...Creía que tardaría más, pero es más pequeña de lo que recordaba.

Tu polla parece ahora el clítoris de una mujer con la regla descontrolada. Sangra abundantemente. La hemoglobina se mezcla con todo el ácido úrico.

Ahora arranco con ayuda de los alicates un par de costillas que asoman por el agujero hecho con el atizador.
No es muy grande aún, y es un trabajo complicado. No deja de movertee¡¡¡.

Por eso, lo dejo. Prefiero centrarme el tu rostro. Arranco unos trozos de labio, disecciono una oreja,
te obligo a tragar cristal...pero me aburro de nuevo.

Así que decido terminar con la labor. Con unos cuantos clavos, fijo tus al suelo.Y como si fueses un colchón hinchable, me pongo a dar saltos sobre tu esternón calzada con mis new rock.

En un par de minutos, eres una masa viscosa sobre el suelo. Toda yo estoy llena de sangre, de pies a cabeza.

Muerto.

Prendo fuego ha la habitación con ayuda de gasolina, y mientras ardo, contemplo los restos del amor que un día te profesé.







sábado, 10 de septiembre de 2011

El reflejo

Me causas dolor desde las sombras para borrarlo con una de tus sonrisas.
Y esta noche, al notar las lágrimas agolpándose en mis ojos, me di cuenta de que sin quererlo me había enamorado del recuerdo del amor.

Quisiera borrar el horror del pasado, una sombra que pesará sobre mi espalda eterna. Constante.
Quisiera sentirme pura para ti, ser perfecta. Pero me miro al espejo y solo veo el tiempo que nos separa.

Las dejaré caer por ti como antaño se escurrieron por mi rostro, dejando un salado surco de vergüenza.
Reflejo del amor proyectado en el presente...

Me haces sentir como una niña indefensa, pero con mil eras perdidas en los enredos del cabello.
Me haces sangrar aunque la cuchilla no arañe mi piel. Me haces sentir dolor por amarte.
Vergüenza por expresarlo.

Odio llenan mis manos, por caer de nuevo en errores pasados. Quisiera tener el valor, y a la muerte abrazarme de nuevo pero ya ni ella me quiere en su seno.
Me castiga con la vida, cual dolorosa expresión del amor se pierde en tu mirada.
Mirada que se aleja, que evito.

Una muesca más en el corazón no me matará. Lo hará la distancia. Lo hará si me niego a mi misma que siento, amo y sufro.

Negaré al amanecer que algún noche pronuncie un te quiero cuyo significado era un te amo.

Como una niña entre tus brazos...Solo por una noche más me aferraré a tu recuerdo para vaciar mi alma...

domingo, 21 de agosto de 2011


Escucho la lengua muerta del silencio.
Dejo mi sangre caer por el rostro.
Anhelo el aroma de la muerte, que poco a poco se torna solida en mi vida.

Contemplo como se pudren las miradas que una vez me amaron.
Como se ciernen tus brazos alrededor de mi cintura, a veces como una cadena,
otras como una suave seda que acaricia y ama cada centímetro de mi piel.

Siento el peso de los años y el cielo se enturbia,
presagiando una tormenta de lágrimas y gritos agónicos que estallarán en la noche.

Cuchillo en mano no puedo mutilar el recuerdo pero mi piel se cubre con el dulce néctar de la sangre
El viento agita a las animas junto a mi ventana y siento tu presencia junto a mi

Cuando tu esperanza muera y su cadáver sea la bandera que alzas día a día sobre el gélido viento,
quizás entiendas mis silencios.

Cuando la noche caiga y cierres los ojos sin anhelar el mañana, sin tener fe en el rumbo que toma tu vida.
Sin importarte el vacío que poco a poco se ha forjado en tu corazón.
Entenderás el por que de mis palabras.

Quizás algún día mis manos y mi mente estén tan lejos que nadie me recuerde.
No será una huida, nadie lamentará mi ausencia.
Nadie llorará mis alegrías ni aplaudirá mi fracaso.

Mi piel será el manjar de un millar de gusanos, que llenaran mi boca como los sentimientos llenaron un día mi corazón.

Sera el recuerdo de tu rostro lo que mis ojos contemplen al morir.
Fue mi sangre lo que llenó tu copa, mi piel el pan de tu mesa.

Muerta me hayo al despertarme cada día, para respirar la putrefacción del ser humano que se devora continuamente a si mismo.

Es sangre la tinta con la que trazo lo que perdura un beso o un abrazo.
Nada puede calmar mi agonía así como nadie silenciara el grito gutural que se esconde en mi garganta...

miércoles, 6 de julio de 2011

Yo solo tengo sangre en mis venas, amargor en mis labios.
Odio y ternura en una continua lucha.
Tengo manos vacías, podredumbre en las entrañas.

Lágrimas enlatadas por amores insípidos que se evaporan como un charco bajo la luz del sol.

Lentamente.

Tengo un grito oculto en la garganta. Pelo enredado por el paso del tiempo.
Sueños que dejo entre las sabanas cada mañana.

Tengo fuerza en las costillas, suficiente para borrar.
Tengo mil historias que contar bajo la luna llena.

Tengo un rincón sucio donde anidan las arañas. Donde devoro sin piedad.
Tengo deseo y calor en los pliegues de mi sexo.

Tengo censura en el alma, costras en las rodillas.
Palabras muertas escucho. Mentiras creo.

Vomito el alcohol que consumo en mis noches de soledad. Vomito recuerdos.
Votaría el amor que como un fuego quema mi alma, que confundo con la ira.
Vomitaría besos y sin embargo vomito sangre.

Amar un cadáver me proporcionaría más calor.
Kilómetros en mis piernas. Dureza en mis palabras.

Muerte, muerte,muerte,muerte,...no por más llamarte acudes más rápido.
Pero la sangre si acude, surge de mi piel con cada surco de mis uñas que trazo.

No produces dolor, solo manchas mi alma. Te derramas lentamente por mi piel.
Te siento caliente y dulce al contacto con mis labios.
Te huelo allá por donde pasas. Acudes en mis sueños, tiñendo de rojo las miradas.

Quizás no tenga lo que buscas. No tengo paciencia, no soy común.
No llevo tacones, no finjo. No oculto. No miento, no olvido.
No perdono facilmente.
Juré no mendigar amor y no lo hago. Intentaré olvidar los amores efímeros.

Se secara la sangre sobre mi piel, oscura y dulce mancha del pasado.
La cicatrices me recordarán tus besos. Pero el dolor yacerá tan muerto como mi alma.
Olvidaré en el fragor de las olas el deseo de ser amada, barrerán la dulzura de aquel lugar
que tanto ame.

Nunca más amaré por encima de mi amor propio. Jamás romperé mis ideales.
Sola, viajera, la música mi compañera.

La muerte me llegará, piel roída en las entrañas de la tierra.
El paraíso cerrará sus puertas al saber de mi llegada.

Vagaré en las noches de luna llena, susurrando dulces palabras que jamás serán escuchadas.
Me encontraré llorando en la espesura, entre rosas marchitas cuyo olor murió por una mirada.

Pero aún queda vivir, cuyo dolor en  más que la muerte. Cuya eterna agonía llena de luz mis manos vacías.
Cuya carencia me hace pensar, que el pasado no puedo olvidar.
Noche efímeras me esperan. Más dolores que soportar.

Amor cruel, no vuelvas.
No me llenes de esperanza. Dejame en la ignorancia.
No he de volver a besar.

Carezco de valor.
No quiero el dolor del amor.

Carezco de presencia,
se pudrió antaño mi inocencia.

Pero tengo aún fuerzas en las costillas,
suficiente para tapar.

El dolor que sin saberlo,
el olvidar (te)  me ha de causar...

martes, 28 de junio de 2011

cuando los angeles caen


Odio actuar como una maquina, odio sonreír falsamente cuando siento la carne de mi vientre putrefacta, cuando los ojos, secos ya de dolor y rabia, me escuecen sin poder llorar.

 
Odio a la gente que me rodea, odio estar sola entre un mar de seres que me miran acusadoramente esperando mi caída, mi inevitable caída.

Odio amar tan desesperadamente, con una ansiedad que me lleva la una muerte agónica y prematura de todo lo que siento. Odio el fuego que quema mis venas cuando miro, le miro, y hablo sin pensar.

La sinceridad es una condena que llevo sobre mis hombros, que aprieta mi cuello como una cadena soldada a mi espina dorsal. Pronuncio el te quiero cuando lo siento, cuando quizás el silencio y la indiferencia es la respuesta que amar al amor merece.

De nuevo todo perece.

Las flores se secan ante el calor del sol, la carne se pudre, mi alma se llena de moscas y el barro del hombre se agrieta.

Odio tener que vaciarme de nuevo, vomitar sentimientos de forma antinatural, introduciendo las manos en mi alma como los dedos en la boca de una bulimica. Comiendo me a mi misma.

Siento la agonia de antaño, el miedo al mismo error, a caer en la vorágine de la autocompasión, el engaño.

Ahogarme en el calor de cuerpos ajenos, que cubrían mi piel aplastandola con el peso y el calor afixiante de la muerte...

Por que la muerte, esa eterna y fiel compañera que nunca abandona mi mente, a veces mi piel quisiera que cubriese con sus fríos labios, esos labios cortantes como el acero, pero eternos.

La soledad, amante que busque en mis noches de amargura, vuelve a mi como una amorosa madre.
De nuevo la luna me juzga y ante luz se me haya desnuda, infecta, marchita y rota. Muerta fría y descompuesta.

Cuando los angeles caen...¿producen sonido sus huesos al romperse contra el asfalto? quizás la dulzura de tu cuello se tensó ante el miedo a la altura a pesar de poseer alas...