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miércoles, 5 de octubre de 2011

La sangre equivocada


La sangre tan preciada que con ansia bebió Erzsebeth, fue expulsada por su boca, derramandose por sus labios como un torrente de fuego liquido que quemo todo a su paso.

Sangre muerta, coagulada, fría e insípida. Eso era. Beber de un no muerto no era plato de buen gusto.

Tras destriparlo y posar sus fríos labios en el tajo abierto de su estomago, le pareció el manjar más exquisito, con la textura más dulce y fina que había probado en su vida. La sangre manaba sin piedad, llenándole la boca, el rostro, el pelo e incluso la cara ropa de diseño.

Pero en una fracción de segundo, la herida se cerró cruelmente, dejando a Erzsebeth con el ansia del hambre, con el pavor de lo consumido,...y llegó un dolor de estomago que la hizo retorcerse sobre el pavimento. Tras las primeras bocanadas lo comprendió. Aquel ser era tan inhumano como ella soñaba serlo.

El hombre la tomo por el pelo, lleno de sangre que se empezaba a secar, formando una costra seca y maloliente, y la arrastró a la oscuridad del callejón. Allí desgarro su ropa, dejándola semidesnuda junto a sus lágrimas.La chiquilla lloraba desconsoladamente, y entre temblores, suplicaba piedad. Solo quería "alimentarse" del placer que proporciona la sangre humana, pues era conocedora del poder curativo de esta.
Era portadora de Porfiria desde niña, y nunca pudo estar bajo la luz del sol. Su piel se escamaba, supuraba pus y sangre a partes iguales, y los gritos a causa de las fiebres y el dolor se extendían por días y semanas enteras...

Hasta que hace un año empezaron sus salidas nocturnas, en las que Erzsebeth, con ayuda de una daga de plata sustraía a sus victimas el preciado liquido y durante semanas perduraba en ella una calma absoluta y por momentos casi normal...

Pero la recaída era cada vez más profunda, llegando a tener los ojos inyectados en sangre, a caersele las uñas, a perder el cabello...así que empezó a frecuentar sus salidas cada vez más, llegando a matar a los portadores de su vida liquida.

No era una asesina piadosa. Se regodeaba en la muerte, mutilando a sus victimas y haciéndoles comerse sus propios trozos de carne. Sacaba su dolor proporcionándoselo a otros.

Una noche, corto los dedos de una joven de su edad, envidiando de extrema belleza; para introducírselos en todos sus orificios. Cosió su boca, maquilló su rostro y rapó su cabeza. Después abrió su vientre y bebió la sangre que manaba de sus tripas, introduciendo su rostro en el interior.

A Erzsebeth le encantaba "devorar" la sangre, se deleitaba en su consumo como un drogadicto en la cocaína. La necesitaba.

Sin embargo allí estaba aquella noche, suplicando por la vida que tantas veces había soñado con perder en pos de su cruel enfermedad. Desnuda, con frío y llena de sangre, contemplaba aquellos ojos negros que la miraban casi desde el cielo.

Y sin saber como, supo que el no la mataría. En el fondo eran iguales.Seres sin voluntad, que mataban con una necesidad impoeriosa: ella patológica y el fisiológica. Que se escondían del mundo y del sol, astro rey destructor de sus no vidas. Por que ella aún estando viva, estaba muerta.

Dependía de la muerte tanto como la anhelaba, pero no tenia el valor de abrazarla. Se levanto del suelo. Miro desafiante al no muerto, que con una sonrisa en los labios, adivinaba cada uno de los pensamientos de Erzcebeth.

Contemplo su pálido rostro, el sarcasmo de su sonrisa, el brillo oscuro de su mirada al contemplarla desnuda. Virgen.

Y en Erzsebeth despertó el deseo de sentirse llena de algo muy diferente a la sangre.

Sin darse apenas cuenta se encuentró humedeciendo su labios con la lengua, mirando al hombre que la observaba con deseo y sus maños desabrocharon uno a uno de los botones de su camisa. Besó sus labios, que se entreabren dando una bienvenida a su boca. El sabor de los restos de sangre se mezclaron con el aroma del pelo oscuro y largo del extraño.

Los dedos de Erzcebeth se aferraron a la espalda de su sangriento amante, el cual terminó de desnudarla en un segundo.

Su pecho, subía y bajaba con calor a pesar del frío viento. Pronto empezó a nevar, pero para Erzsebeth era la más cálida de las noches...Se corto en el muslo, anhelando los labios de Él en ese lugar tan intimo, tan húmedo por la sangre...y el deseo.

Pero el quiso beber de otros fluidos, y la sangre se mezcló con el amor efímero de saberse amada antes de morir.

Así se rompió el velo de su inocencia, la niña mutiladora de cuerpos ajenos fue mutilando el suyo propio mientras el la penetraba.

Se corto en las manos, los muslos, el vientre, y el rostro con tanta ansia de sentirse amada que olvidó por completo su propia hambre.
Y el bebía de todos sus flujos, la hizo suya en todos los sentidos imaginables, introduciendo los dedos en su boca, en sus heridas,...

Erzsebeth gemía y gritaba, mezclando dolor con ansia, llorando y riendo, muriendo y amando lentamente al principio. Rápido al llegar al orgasmo.

Cuando todo acabó, Erzsebeth era un amasijo de carne rosa sobre el asfalto, derretida ante en el calor del deseo. Su  pálida piel manaba sangre por doquier, sin freno, sin limite, y se derramaba ante la mirada del no muerto, que sin preámbulos, arranco su dulce corazón...para dejar a Erzsebeth como un recipiente vacío y seco al fondo de la calle....donde la luz del sol acariciaría su piel en el amanecer de un nuevo día sin amor...sin volver a quemarla nunca más...



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