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domingo, 21 de julio de 2013

Bajo la farola


Solo puedo matarte con palabras... desgarrar tu piel como se desgarran mis sueños en el amanecer.
Solo puedo imaginar como devoro tu carne cruda mientras gritas de dolor...

Aquella noche solo podía intentar calmarme fumándome un cigarro, bajo la luz de una farola mientas mis lagrimas caían sobre el asfalto... temblaba por el descubrimiento de aquella traición y me odiaba a mi misma por que un día no fue así,... Por que te protegí de lo que todos te llamaban y eres, pero no quise verlo.

Temblaba y tenia miedo de mi misma, pues si no conseguía calmarme perdería el control de mi propio cuerpo, de mis actos, y cometería una locura... pero mi cuerpo se resistía a ese intento de calmarme y la furia se iba abriendo paso al igual que la nicotina en mis pulmones.

El hormigueo que precede al cambio empezó a hacerse notar bajo mi piel, y sentí que mi cuerpo dejaba de ser uno solo. Caí sobre el asfalto y el cigarrillo se empezó a pasar mientras espuma salia de mi boca...
Solo veía imágenes que yo misma podía imaginar con todo lujo de detalles sucederse en mi mente y de entre labios el rugido de mi tótem empezó a surgir.

No fui muy consciente de que pasaba. Solo se que veía multiplicado por mil todo aquello que me rodeaba y que mis largas patas lo abarcaban todo. Mi ropa estaba sobre el suelo y allí se quedo, pues corrimos hacía tu casa a través de las alcantarillas. Las ratas se asustaban de nuestra presencia. Tuvimos que tejer una gran tela para alcanzar tu ventana pero eramos miles. Y allí dormías, sobre tu cama junto a aquel gato blanco que es lo único que amas, y que al vernos, huyó despavorido, pues ni el daría su vida por ti.

Nos reagrupamos silenciosamente volviendo a tomar una forma humana... pero sonreímos. Humana no.
Cobraríamos la forma de tus pesadillas, de modo que a pesar de volver a ser una, seguí manteniendo mis 8 patas desde los hombros a la cintura. Pero era yo de nuevo a pesar de mi forma semi humana.

Te giraste revolcada entre las sabanas y entre sueños abriste apenas unos milímetros los ojos. Pero soy rápida y letal... no había vuelta atrás y te inyecte el veneno lentamente, paralizando cada uno de tus miembros,  ahogando el grito de terror ante mi presencia. Por fin veías mi rostro, pero no podrías articular palabra.

Mientras estabas inmóvil, subí al techo y me dejé caer lentamente por el fino hilo que pendía de mi estomago, enredándote y tejiéndote un vestido mortal... Pero dejando libre tu sexo y tu rostro pues quería ver en el abismo de tus ojos el terror.

Te pique mil veces, y tu piel empezó a corroerse, supurando sangre y veneno a través de los únicos orificios libres de seda... Tu sexo y tu cara empezaron a hincharse y a adoptar un tono azulaceo por la falta de oxigeno.

Entonces liberé mi forma humana y con mis propias manos, ayudándome de mis seis patas, abrí tu pecho, dejando las costillas al descubierto...

Y ahí estaba, tu corazón... haciendo acopio de fuerzas por latir y mantenerte con vida... Pero no duró mucho.
Lo sostuve entre mis manos, palpitante y sanguinolento, y te lo arranque, pues nunca te ha servido para nada. No has amado jamás y yo en ese momento amé a tu corazón... deguste en mi paladar hasta el ultimo trozo, y cuando me sentí saciada de tu sangre de de venganza, me volví a dividir en mi y a través de las alcantarillas volví al parque.

Me levanté del suelo sobre mi propia bilis, el temblor había cesado. Y no sabía si era real todo aquello que recordaba o solo fue mi mente delirante ante el sufrimiento. Solo sentía el sabor de la sangre en mi boca y no sabía si era tuya o mía


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