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jueves, 16 de junio de 2011

La dulzura de tu cuello

Del por que te he encontrado en el momento mas adverso de mi vida aún no lo se.
Tampoco se si todas nuestras diferencias nos harán unirnos, complementarnos y mejorar o solo abrirá entre nosotros un abismo inexpugnable.

No se si lo que siento por ti puede llamarse amor, pues hace ya tiempo que comprendí que amor es solo una bonita palabra más.

Si existiese una palabra que abarcase la ternura, el cariño, el deseo, la dulzura de tu cuello y la profundidad de tu mirada,.. la aplicaría a lo que siento cuando me tocas.

A veces tengo algo de miedo, pues me bastó mirarte un solo instante para saber que te tendría.

Y no como mis efímeros caprichos pasajeros. Sino algo más intenso. Un segundo, un latido. Y me lance al abismo sin miedo alguno.

A veces pienso que me guío por instinto, quizás capte algo en ti que solo yo podía captar.

Mis manos, antaño muertas, cobraron vida esa misma noche en que nuestras miradas se cruzaron...

Y plagaron de sueños el suave papel, cubriéndolo de sinuosas formas dalisianas, quizás derretidas por la intensidad de un recuerdo aún no acontecido.

Pinté que el tiempo sería láudano para mis sentidos, trazé la muerte en mi mirada, pero resucite de entre las sombras del campo santo.

Y mi piel no yacía carcomida por el tiempo, sino fresca y suave, como los pétalos de una rosa que se abre al recibir el rocío de la mañana.

No se como describir esto que se filtra por mi piel cuando te tengo cerca.

Aun cuando no estas cerca puedo sentir el aroma de tu piel. Cierro los ojos y paladeo el sabor a canela de tu cuello.

Podría tirarme horas observando el vello de tu pecho y no me cansaría de mirar.

Ahora se que tal es la intensidad que la belleza del amanecer que oscurece el resto de los sentidos. Así me siento cuando te tengo cerca.

No hay ola, nube, arena o caricia del viento que pueda hacerle sombra a la inmensidad de tu luz, pues solo tengo piel para recibir tu calor.

Y siempre fui de las que apreciaron las noches de luna llena como compañera.
Las estrellas me guiaban, pero apareciste en el cielo y se apagaron por envidia.

No se si lo que siento por ti puede llamarse amor, ternura, cariño, deseo,... la dulzura de tu cuello y la profundidad de tu mirada,..mis manos antaño muertas
cobraron vida...









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