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jueves, 25 de marzo de 2010

Andrea

Su peso era tan ligero como el de una pluma. Incluso la más leve ventisca podía tirarla al suelo. Su piel, anormalmente clara se torno traslucida. Sus ojos, antes llenos de vida, ahora estaban apagados, vacios. El pelo se caía por el rostro y por la espalda, como un gran manto que cubría su cuerpo. Ese cuerpo que en cuestión de 2 meses se volvió más que huesos y piel.

Andrea y sus cuchillas, en el baño, cortando su felicidad como si de una carnicera de su propia piel ella fuese. Andrea, esa chica que por solo estar un poco más cerca del ideal, sin saberlo, está más cerca del abismo.

De su brazo izquierdo, mil agujas cuelgan. Intentan llenar el espacio que se ha formado entre la piel y sus costillas. En los pasillos, las enfermeras pasean de un lado a otro con sus blancos uniformes. Los enfermos se quejan de múltiples dolores y otras afecciones. Andrea guarda un silencio que cualquier tumba envidiaría.

Ayer su hermana le regaló unos largos guantes de terciopelo que ocultarían las costuras, pero Andrea se niega a usarlos. No se avergüenza de sus costuras que pronto no serán más que unas largas cicatrices paralelas en sus brazos. No oculta su desinterés ante aquello que la rodea.

Pasan los días y Andrea recibe familiares y amigos, su habitación se llena de postales que desean su mejoría. Cae la noche y Andrea arrastra los tubos que la unen a su cama, dejando que de su piel caigan las agujas.

Como una sombra se desliza por el largo y oscuro pasillo del hospital, sus pies descalzos no producen sonido alguno.

Como un gato se ovilla para no ser descubierta ante la guardia de la noche. Ya en el baño público, contempla su rostro ante la oscuridad del espejo, y le gusta tanto lo que ve, que con suma delicadeza sonríe.

Decidida, sus pies descalzos se alzan sobre la tapa del inodoro y estira sus manos que desenroscan la bobilla.

Andrea vuelve a su habitación y contempla bajo la luz de la luna su adquisición. Rompe el cristal y sostiene entre sus finos dedos un trozo sumamente afilado. Calcula que serán las 12.

Mañana, cuando la luz de la mañana se filtre entre los barrotes, las enfermeras, con sus blancos uniformes, descubrirán entre las sabanas rojas, el cadáver más hermoso que Andrea pudo soñar.

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